Las frases geniales de Francisco de Quevedo

Las frases geniales de Francisco de Quevedo

Nace en Madrid Francisco de Quevedo, escritor español del Siglo de Oro.

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos fue uno de los autores más destacados de la Historia de la literatura española, centrando su carrera en la poesía, obras narrativas y dramáticas.




Hijo de hidalgos, pasó su infancia rodeado de nobles y potentados debido a los trabajos de sus padres en Palacio: su padre era el secretario de la hermana del rey Felipe II y su madre era dama de la reina. Esta circunstancia unida a sus problemas físicos le hizo zambullirse desde bien pequeño en la lectura. Estudió Teología en la Universidad de Alcalá para trasladarse después a Valladolid, dónde empiezan a circular sus primeras obras.

Durante su vida tuvo enemistades sonoras con autores como Luis de Góngora. Ambos se dedicaban sátiras mutuas en sus obras como el poema “Don Francisco de Quebedo”.

En 1621 fue encarcelado en Uclés y posteriormente desterrado a La Torre, tras la caída del duque de Osuna y por su implicación en misiones diplomáticas para defender en virreinato de Osuna. En 1639 es de nuevo encarcelado, esta vez en San Marcos de León, dónde su salud se deteriora extremadamente. Tras cuatro años es puesto en libertad y Quevedo decide marcharse a Villanueva de los Infantes, donde fallece en el Convento de los Dominicos en 1645.

Entre sus obras más importantes destacan Vida del Buscón, La hora de todos, Parnaso español o La cuna y la sepultura entre otras.

Citas célebres de Francisco de Quevedo

Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir

La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió

Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una

Creyendo lo peor, casi siempre se acierta

Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho

El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen

Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan

El amor es fe y no ciencia

Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen

El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor

El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien

Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra

Mejor vida es morir que vivir muerto

El que pasa tiempo arrepintiéndose del pasado pierde el presente y arriesga el futuro.

El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar que le llamen.

El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.

Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.

Los que de corazón se quieren, solo con el corazón se hablan.




Pregunta a mi pasión y a mi ventura y sabrá que es pasión de mi sentido lo que juzga blasón de mi locura.

No hay amor sin temor de ofender o perder lo que se ama, y este temor es enamorado y filial.

Siempre hay quien ponga malos nombres a la virtud, más siempre son los que no merecen conocerla.

No es dichoso aquél a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.

¿Cómo puede morir de repente quién desde que nace ve que va corriendo por la vida y lleva consigo la muerte?

El amor es fe y no ciencia.

Nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres.

Pero, cuando comienzan las desgracias en uno, parece que nunca se han de acabar, que andan encadenadas y unas traían a otras.

En resumen, no solo las cosas no son lo que parecen, ¡ni siquiera son como se llaman!

El amor es la última filosofía de la tierra y del cielo.

Estimado lector, que Dios lo proteja de los libros malos, la policía y las mujeres regañonas, con la cara lívida y el cabello rubio.

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.

Quien no ama con todos sus cinco sentidos a una mujer hermosa, no estima a la naturaleza su mayor cuidado y su mayor obra.

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

Bien acierta quien sospecha que siempre yerra.

Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo.

Uno a uno, todos somos mortales; juntos, somos eternos.

Todo lo cotidiano es mucho y feo.

Sólo el que manda con amor es servido con fidelidad.

Lo mucho se vuelve poco con desear otro poco más.

Soy un fue y un será y un es cansado…

Ojos, no sé qué espero viendo cómo me tratáis; pues si me veis me matáis, y si yo os miro, me muero.

Vedamos a todo marido que ha sufrido el poder de hacer testamento, porque no es justo que tenga última voluntad en la muerte que no supo tener en vida.

Lo más seguro es no ponerse en peligro.

Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita una vida muy larga.

Entre iguales son los beneficios firmes; entre sabores de fortuna, no está nuestra mortalidad segura.

No hay rueda de tormento mayor que la presencia y vista de un padre a un hijo en la confusión de algún error grande.

Mal abriga al pobre la costumbre de no tener abrigo.

La paciencia es virtud vencedora, y hace a los reyes poderosos y justos. La impaciencia es vicio del demonio, seminario de los más horribles y artífice de los tiranos.

Menos mal hacen los delincuentes que un mal juez.

A los hombres que están desesperados cásalos, en lugar de darles sogas; morirán poco menos que ahorcados.

Me corazón es reino del espanto.




Dijo la rana al mosquito desde una tinaja: más quiero morir en el vino que vivir en el agua…

Creyendo lo peor, casi siempre se acierta.

Retirado en la paz de este desierto, junto con algunos libros, pocos pero sabios, vivo conversando con el difunto y escucho a los muertos con mis ojos.

Siempre se ha de conservar el temor mas jamás se deberá mostrar.

El amor a la patria siempre daña a la persona.

Cada uno debe abrir los ojos y no fiarse del título de parentesco, ni aun de las mismas prendas de él, sino de las de amor y voluntad muy experimentado, porque no son los parientes más que como se tratan.

Con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos y con mis ojos oigo hablar a los muertos.

La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió.

 

Escritores

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